"Hemos olvidado que nuestra meta es vivir y que vivir lo hacemos cada día y que en todas las horas de la jornada alcanzamos nuestras verdaderas metas si vivimos....Los días son frutos y nuestro papel es comerlos. Jean Giono



La vida es aquello que te va sucediendo mientras tú te empeñas en hacer otros planes. John Lenon





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14/11/12

Hablemos de AMOR...!!!


Había una vez una mujer que amaba a un hombre con devoción, con obsesión, con entrega absoluta. Estaba segura de que había encontrado en él al modelo exacto de sus sueños. Un día fueron a navegar en un pequeño velero. Anclaron en una islita deshabitada y de vegetación frondosa. Las aguas eran cálidas y cristalinas, la playa estaba cubierta de arena fina, blanca y suave como el talco. Dejaron el velero y se echaron a nadar. Después de un rato fueron a la playa y se tendieron bajo el sol tibio y generoso. De cara al cielo, con los ojos cerrados, la mujer agradeció sin palabras, con su voz interior. Y además pidió. Sus ruegos fueron para que ese hombre amado fuera feliz y para que el romance entre los dos avanzara de tal manera que él se sintiera satisfecho. Con esa oración se quedó dormida. Cuando despertó estaba sola...El se había ido en el velero...Es decir, los ruegos de ella habían sido escuchados.



Es una lástima que este cuento termine mal. ¿pero había alguna certeza de un final feliz? Si se repasa el relato con cuidado podrá advertirse que, debajo de la superficie idílica y maravillosa, se gestaba un peligroso desequilibrio. A lo largo de ésta breve historia, la mirada de ella está puesta constantemente en él.

Su oración pide por la felicidad y por la satisfacción de él.

Aunque la narración está planteada desde la mirada de ella, el verdadero protagonista del relato es él. Es él quien actúa, quien toma la decisión, quien ejecuta algo. Aunque no lo diga, y aunque ni siquiera tenga rostro, podemos darnos una idea de lo que él quiere, o por lo menos de lo que no quiere.

EL ORDEN CORRECTO

Este relato, que también podría llegar a narrarse invirtiendo las actitudes de los personajes, aparece ligado de manera estrecha a una cuestión fundamental. La de cómo transitamos el camino de la vida. Sam Keen, uno de los más lúcidos y sensibles pensadores humanistas de hoy, recuerda con un consejo fundamental que recibió de parte de un amigo en un momento en que su vida atravesaba una crisis profunda Esta persona le recordó las dos preguntas que toda persona debe plantearse en ciertas circunstancias decisivas de la vida. Son éstas:

¿Hacia dónde estoy yendo?

¿Quién vendrá conmigo?

Hay un requisito básico: las preguntas deben hacerse en el orden en que están. “Si te formulas las preguntas en el orden equivocado, te verás en problemas”, le advirtió su amigo Sam.

Parece sencillo y, sin embargo, solemos invertir el orden con mucha frecuencia y con demasiada facilidad. Cuando mi compañía es más importante que mi destino estoy preparando las condiciones para la frustración, para el desengaño y para su hijo primogénito: el reproche. Si necesito de alguien que haga realidad mis sueños, entonces están dejando de ser mis sueños. Será el otro quien decida que hacer con ellos.

De alguna manera es lo que ocurre con la mujer del relato. Parece haber olvidado la dirección de su marcha o, lo que es peor, parece ignorarla. Está encandilada con la compañía. Para ella es más importante “quién vendrá conmigo” y no “hacia dónde estoy yendo”.

Responder a la primera pregunta no es cosa fácil, pero de ello depende vivir de una manera o de otra. Aspirar a una vida auténtica o resignarse a un simple “como si” se viviera en plenitud un simulacro más o menos exitoso. Saber a dónde estoy yendo significa preguntarme quién soy, que sé y que ignoro de mí, cuáles son mis capacidades y mis limitaciones, no confundir mis deseos con mis necesidades (deseo un castillo, necesito una casa), reconocer cuáles son mis prioridades íntimas en este momento de mi vida y separarlas de las prioridades que me imponen desde fuera. Discernir mis certezas de las expectativas que otros tiene sobre mí. No confundir lo que puedo, quiero y necesito con lo que “debería”.

Descubrir a dónde estoy yendo significa, al mismo tiempo, aceptar las condiciones del camino y sus circunstancias. Habrá momentos en los que la marcha será más rápida y otros en los que será más lenta. Habrá tramos llanos y fáciles y trechos escarpados y riesgosos. Habrá periodos en los que mi marcha será solitaria y épocas en las que muchos estaremos orientados hacia la misma dirección. En algún momento deberé ir delante de mi compañía y en momentos quedaré atrás. Nadie garantiza que ésta marcha atravesará un jardín de rosas. Pero hay algo seguro: la compañía es, en este caso, verdadera.

JUNTOS NO ENCIMADOS

Si estas preguntas pueden ayudar a orientarnos en momentos decisivos de la vida, resultan esenciales cuando un hombre y una mujer se encuentran. Si el encuentro ha sido forzado por la compulsión de contestar primero a la segunda pregunta, hay motivos para sospechar que no se ha producido en las mejores condiciones. Cuando estoy confuso acerca de mí, estoy propenso a depositar mi confusión en otro y, todavía más, a pretender que el otro la entienda y la resuelva. Que me acompañe, no importa para ir a dónde. Pero quien camina cargando a otro corre el riesgo de tropezar, de caer o sencillamente de cansarse pronto.

Distinto es el caso cuando el encuentro se produce en una natural confluencia del camino que cada uno está transitando.

En ese caso, con seguridad, nadie tendrá que hacerse cargo de nadie, la marcha será conjunta y paralela, gozosa y nutritiva. Son los encuentros que ayudan a crecer. Los que significan estar con otro: no ser para el otro ni del otro.

Lo cierto es que no hay por qué esperar a los grandes acontecimientos o crisis o decisiones para hacerse las dos preguntas. La costumbre de acudir periódicamente a ellas puede resultar un modo de mantenerse actualizado acerca de uno mismo y de su compañía. Un hombre y una mujer que busquen estas respuestas con sinceridad y con asiduidad tendrán, seguramente buenas posibilidades de marchar juntos por un largo tiempo, porque sabrán quiénes son ellos, quién es el otro y a dónde van. No correrán el riesgo, en fin, de despertar solos en una playa desierta

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Nos enamoramos cuando:


*conocemos a alguien por quien nos sentimos atraídos y dejamos caer frente a el o ella las barreras que nos separan de los demás.

*Cuando compartimos con esa persona nuestros sentimientos y pensamientos más íntimos, tenemos la sensación de que, por fin, hicimos una conexión con alguien.

*Este sentimiento nos produce gran placer, hasta la química de nuestro cuerpo cambia, dentro de el se producen unas sustancias llamadas endorfinas.

* Nos sentimos felices y andamos todo el día de buen humor y atontados. Cuando estamos enamorados nos parece que nuestra pareja es perfecta y la persona más maravillosa del mundo.

Esa es la diferencia entre enamoramiento y el amor.

Empezamos a amar cuando dejamos de estar enamorados. ¿Qué? Así es. El amor requiere conocer a la otra persona, requiere tiempo, requiere reconocer los defectos del ser amado, requiere ver lo bueno y lo malo de la relación. No quiere decir que enamorarse no es bueno, al contrario es maravilloso. Sin embargo es solo el principio. Muchas personas son adictas a estar enamoradas. Terminan sus relaciones cuando la magia de haber conocido alguien nuevo desaparece; cuando empiezan a ver defectos en la otra persona y a darse cuenta que no es tan perfecta como pensaban.

El verdadero amor no es ciego. Cuando amas a alguien puedes ver sus defectos y los aceptas, puedes ver sus fallas y quieres ayudarle a superarlas. Al mismo tiempo esa persona ve tus propios defectos y los entiende. El amor verdadero está basado en la realidad, no en un sueño de que encontraste a tu príncipe azul o a tu princesa encantada.

Encontraste a una persona maravillosa, de acuerdo, pero no es perfecta ni tú tampoco. Encontraste a tu alma gemela, pero también los gemelos discuten y también tienen diferencias. Amar es poner en una balanza lo bueno y lo malo de esa persona y después amarla.

El amor es una decisión consciente. Muchas veces oímos de personas que dicen que se enamoraron de alguien y que no pueden evitarlo. Que se supone, ¿que es una cuestión de suerte? Que se supone, ¿que amamos por arte de magia? Que se supone, ¿que alguien más tiene poder sobre nosotros? De ninguna manera. Puedes sentir una gran admiración por alguien, puedes desear tener una relación con alguien, puedes estar muy agradecido por lo que alguien ha hecho por ti, pero... no la amas.

El amor nace de la convivencia, de compartir, de dar y recibir, de intereses mutuos, de sueños compartidos. Tú no puedes amar alguien que no te ama, o que no se interesa en ti. El amor verdadero es reciproco. Recibes tanto como das.

En Resumen:

El enamorarse no es lo mismo que amar.

Tú decides a quien amar.

No puedes amar a quien no te ama.

El amor esta basado en la realidad.

El amor no es ciego.

Si, el amor esta basado en la realidad, pero también tus sueños los pueda es alcanzar. Por eso analiza y busca la forma de encontrar el amor en la persona de tus sueños.

"Empezamos a amar no cuando encontramos una persona perfecta, sino cuando aprendemos a ver perfectamente una persona"
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Amor Adulto

“El requisito del amor duradero es seguir prestando atención a una persona que ya conocemos bien. Prestar atención es, fundamentalmente, todo lo contrario de dar por sentado; dar por sentado es la causa principal de mortalidad de las relaciones amorosas"

Sam Keen

2. La primera condición es recuperar el uso de la primera persona, del “yo”: “yo amo”, “yo siento”, “yo sufro”. Hacerse responsable de uno mismo. Dos seres que se consideran incompletos sin el otro no pueden configurar un “nosotros”. Dos seres que no empiezan por ser “yo” jamás podrán convertirse en “nosotros”.

3. El verdadero amor nace del desapego. La dependencia no es amor.

4. No sientas por el otro, no pienses por el otro, no adivines por el otro. Habla por ti, habla de ti, hazte cargo de ti mismo. No confundas amor con confluencia.

5. La existencia del “alma gemela” es un mito. Sólo las diferencias pueden generar, sostener y nutrir un amor profundo y creativo.

6. Gracias a las diferencias entre los amantes, el amor se convierte en una experiencia de conocimiento. Lo desconocido genera curiosidad y aprendizaje.

7. No se trata de limar las diferencias que existen entre ambos sexos, sino de aceptarlas, respetarlas e integrarlas.

8. Dos personas que fundan un amor son dos que fundan un país nuevo en un territorio virgen. Pueden hacerlo sometiendo uno de ellos al otro, batallando para conseguir más poder. Pero también pueden hacerlo nutriéndose de la diversidad que puede generar un mundo nuevo.

9. El amor es posible cuando nace respetando las diferencias que cada uno aporta.

10. La integración de la diversidad en la relación debe ser una cuestión de principios innegociable e irrevocable.

11. Sin embargo, no debemos pretender conocer todas y cada una de nuestras diferencias. Habrá partes esenciales del otro que jamás podremos alcanzar. Esas partes constituyen el misterio necesario para que la llama del amor siga viva.

12. Un misterio no es lo mismo que un secreto. Es difícil convivir demasiado tiempo ocultando algo al otro. Esto puede deteriorar el vínculo de manera irremediable.

13. Debo reconocer que en mí hay misterios inexplicables para el otro, cosas que no puede comprender.

14. Debo renunciar a intentar desentrañar todos los misterios del otro, porque hay cosas de él que jamás llegaré a conocer.

15. Antes de intentar cambiar al otro, es preferible cambiar de pareja.

16. La “tolerancia” es una trampa. El tolerante se cree mejor que el tolerado, se siente por encima del otro, genera sumisión. La tolerancia es intolerable, porque implica que uno no acepta al otro tal como es.

17. Tolerancia y aceptación no son sinónimos. Sólo puedo aceptar al otro si me doy cuenta de que es distinto, de que nuestras diferencias nos hacen valiosos y generan el misterio necesario para que exista el amor.

18. Cuanto más se prolonga en el tiempo una relación, más se asientan las diferencias. Si podemos aceptarnos así, crecerá el amor.

19. La aceptación no es lo mismo que la resignación. El resignado se da por vencido sin que, ni siquiera, el otro se sienta vencedor. Y en el amor no hay vencedores y vencidos.

20. Para aceptar hace falta buena fe. Cuando acepto al otro doy por sentado que nada de lo que hace, dice, siente o piensa se basa en el engaño ni en la manipulación. Parto de la creencia en su buena fe y hago de eso una cuestión de principios.

21. La aceptación me libera de la necesidad de cambiar al otro y me hace libre del peligro de que el otro quiera convertirme en lo que no soy.

22. El amor a primera vista es un mito. Según este mito, todo ocurre en el momento, sin procesos ni transcursos, como por arte de magia. Pero el verdadero amor se desarrolla, parte de una semilla, atraviesa luces y sombras.

23. No hay que confundir el enamoramiento con el amor. Transformarlo en amor es un proceso que lleva tiempo.

24. Para que el fuego de la pasión se convierta en brasas incandescentes se necesita tiempo.

25. No podemos esperar que la persona que amamos sea siempre como es hoy.

26. Hay que aceptar que después de un momento de alta intensidad amorosa pueda surgir un periodo de menor intimidad.

27. Evita hacer promesas amorosas “para siempre”. El amor eterno también es un mito.

28. El tiempo es un factor positivo: nutre y libera, da oxígeno y esperanza.

29. La “búsqueda del amor” es una trampa. El que busca, encuentra. Lo que no se puede anticipar es qué, a quién, cómo y a qué precio.

30. Cuando el objetivo es “encontrar pareja”, me olvido de mirar al otro y puedo darme de bruces con un espejismo.

31. No puedes hacerte responsable de la felicidad del otro. Pero sí eres responsable de no engañar ni manipular.

32. La responsabilidad es la capacidad de hacerse cargo de la propia vida. Esto es básico para que exista una relación de amor verdadero.

33. Encontrar compañía no es el punto final de una búsqueda amorosa. La compañía es el inicio, la consolidación y el punto de partida de una relación de amor.

34. Si mi camino está pavimentado de conciencia y sinceridad, encontraré a mi acompañante. Será alguien que va en mi misma dirección por decisión propia.

35. No existen almas gemelas. Existen almas complementarias.

36. Un desacuerdo no significa que uno esté equivocado y el otro tenga razón, sino que piensan diferente y tienen objetivos distintos.

37. Hay que hacerse una pregunta clave: “¿Para qué estamos juntos?”. La respuesta siempre será saludable.

38. En el amor debe darse una permanente siembra y cosecha.

39. La persona a quien amamos nos enseñará cómo amarla. Podemos escuchar cuáles son sus necesidades, conocerlas y comprenderlas.

40. Nosotros somos quienes enseñaremos a la persona amada a que nos ame del modo en que necesitamos.

41. Hay que escuchar y mirar al otro. Si no, pueden pasarte desapercibidos sus gestos y palabras de amor.

42. Cuando no te sientas amado como necesitas, díselo.

43. Lo que haces por su bienestar genera el tuyo. Lo que él o ella hace por tu bienestar repercute en el suyo.

44. El objetivo no debe ser lograr una convivencia prolongada, sino una convivencia armoniosa. Además, lo segundo es el camino de lo primero.

45. El amor es experimentar la libertad de no estar atados a un mandato.

46. Los hijos no unen, en todo caso son el fruto de estar unidos.

47. Cuando el amor fecunda un vínculo y echa raíces, la fidelidad es una consecuencia natural.

48. No hay una frecuencia “normal” para la actividad sexual. Cada pareja encuentra la suya y el ritmo adecuado es aquel con el cual la pareja es feliz sin tener que dar explicaciones.

49. La creencia de que las mujeres priorizan el amor por encima del sexo y viceversa hace que se acentúe la división artificial de las características masculinas y femeninas. Las cosas por las que somos distintos son otras. Esta creencia genera desencuentros, sospechas y, para ambos, una sexualidad empobrecida.

50. Para vivir con otro, primero es necesario aprender a vivir con uno mismo.









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